septiembre 28, 2008

Las calles que eran mías

Siempre era la última en terminar, pero me gustaba. Ahí estaba, sin la más remota idea de cómo hacer una infografía y con un jefe de redacción que no tenía tiempo para tonterías. Aunque hacía hasta lo imposible por ser rápida, terminaba casi a la media noche, pero aún así bajaba feliz por las escaleras de la redacción dando brincos hacia la calle. Prendía un cigarro y ponía en el i-pod Fourth of July.

Esa canción quedaba perfecta con las noches de primavera fresca. Al pasar por el Parque Europa, me fijaba en todas las formas y colores de las hojas que se amontonaban en la banqueta y que al contraste con el asfalto húmedo, se veían más brillantes. Aunque estaban mojadas, el viento lograba levantar algunas para llevárselas hacia un cielo oscuro que revelaba tonos purpúreos e incluso rosáceos a medida de que se acercaba el verano.


Pasaba por debajo de un puente de piedra y musgo del que escurrían gotas pequeñas como de rocío, pero no tenía miedo. Sentía un vínculo especial con esas calles vacías, como si me pertenecieran, como si la cuidad entera fuera mía. Quedaba tan bien esa canción que ahora, cuando la escucho, siento cómo una ráfaga de frescura me golpea en la cara...

A Galaxie 500 lo conocí por Javi, gran periodista experto en música, pero sobre todo una gran persona. Un gran amigo al que le estoy agradecida por muchas cosas. Una de ellas es que él ha sido el responsable de ponerle una gran banda sonora a la mejor época de mi vida.

2 comentarios:

Mariló dijo...

Wow! Qué padre! Esos son lo momentos y las sensaciones que hay que recordar!
Bsos

Paloma dijo...

Bueno, a lo mejor le eché un poco de choro de mi cosecha, ya ves que se me da...