agosto 08, 2007

Luciérnagas

Desde que llegué a España no he dejado de soñar. Sueños inundados de una profunda nostalgia, que casi duele. Ellos desataron recuerdos que tenía archivados muy en el fondo de la memoria. Y uno de los que llegó de golpe fue el de una de tantas noches en el jardín de la casa de Avándaro, cuando era una niñita. Era verano. Y el verano allí significa, entre otras cosas, monotonía de lluvia. En ese entonces, cuando la vegetación aún tenía su poderío sobre las construcciones humanas, era maravilloso salir al jardín con los pies descalzos a atrapar luciérnagas. Era lo que más nos gustaba hacer a mi primo y a mí. Hasta los rincones más inaccesibles brillaban con una extraña luminiscencia debido a los cientos de mínimas luces que se daban cita para su cortejo.

Hacía más de diez años que no las veía. Pero el sábado pasado que regresé, me asomé por el ventanal. Las ví. Salí corriendo descalza. Sentí el pasto húmedo, fresco, vivo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Volví a oler la tierra mojada, volví a escuchar a las cigarras, a los sapos, a los búhos. Volví a tener cinco años. Y volví a dar vueltas con los brazos abiertos, como si estuviera loca. Encontré algo de mi esencia perdida. Se enroscó el rocío en espiral sobre mi pelo. Las tuve a tres palmos, pero no me atreví a acercarme más. Sé que poder verlas fue un regalo especial, y temí que si las tocaba se apagarían.

6 comentarios:

Mariló dijo...

Palo, me gustó!!! Está un poco... nostálgico.
Te imaginé perfecto de chiquita y de grande dando vueltas con los brazos abiertos.
Recuerda que lo mejor aún está por venir...

Mariló dijo...

Ah! Y también que aún en la noche más oscura hay luciérnagas y luna para alumbrarnos. Un beso

Paloma dijo...

La neta de dar tantas vueltas me caí... hasta parecís borracha.jajajaja

Arrapiezo dijo...

¿Será por la contaminación?, ¿será por los pesticidas? No lo sé. Yo ahora tampoco las veo, no debe haber.

Cuando iba al pueblo, por la noche, andaba con cuidado, escudriñando la hierba, intentando descubrir entre la pequeña maleza las luciérnagas. Siempre conseguía, para mi satisfacción ver dos o tres, tenerlas en las manos durante unos momentos y observar su pequeña luz me producía satisfacción, ¿como producirán esta luz?, me preguntaba yo.

Ya no las veo. No debe haber.

Paloma dijo...

Pues no lo sé Arrapiezo, pero la verdad y aunque es de esas cosas que no hablas con nadie, me preocupa bastante y me da tristeza. Creo que con ellas se fueron muchos de mis mejores sueños.

Paloma dijo...

pero sí hay... sólo que ya no las encontramos tan fácil.