abril 10, 2007

Réquiem

A las 4:30 de la madrugada sonó el teléfono. Era una llamada de México. De una gran amiga. Mariló. Me dijo: -Palo, ya… mi papá ya se fue al cielo.

Como siempre pasa en estos casos, balbuceé alguna estupidez. No pude decir nada bueno. Odié no tener las palabras adecuadas en el momento adecuado. Pero mi flaquita –así la llamo yo- supo que desde aquí, a más de 8 mil kilómetros, la abracé con todas mis fuerzas. Esta etapa en la que no hay palabras que alienten lleva mucho tiempo, desde que a su papá le diagnosticaron cáncer de páncreas. El más agresivo. Sin embargo, su pá era un luchador de voluntad inflexible. Aguantó hasta que él quiso.

Y murió el día que él dijo que iba a morir. El día que él dijo. Así era él. Cuando lo conocí, hace ya varios años, noté su carácter y su carisma. Era de esas personas que jamás se pueden olvidar. Me gusta la gente así. Mariló, a pesar de que se ve muy frágil heredó esa fortaleza. No me he podido quitar de la cabeza si estaría sonriendo cuando habló para avisarme.

Es muy delgada, con unos preciosos ojos negros, brillantes, que descubren su alma. Es de una sensibilidad e inteligencia impresionante. Y es como su papá. Una luchadora. Una valiente. Una valiente con los ojos abiertos, porque la valentía no se entiende con los ojos cerrados. Una valiente que mira a la cara con una mirada limpia, que siempre es un puerto acogedor. Y que no cierra los ojos, los mantiene bien abiertos para seguir luchando.


2 comentarios:

Mariló dijo...

Palo!! Mil gracias!! De verdad me gustó muchísimo!! Cuando lo leí no pude evitar que se me salieran unas lagrimitas... Ojalá que de verdad haya heredado algo, aunque sea un poquito de la fortaleza de mi papá. Te mando un abrazototote y ya sabes que te quiero muchísimo!

Mariló dijo...

Y después de cuatro meses que he vuelto a leer este post tuve la misma sensación y volví a vivir ese momento. Y una vez más no pude evitar un par de lagrimitas...