noviembre 12, 2005

Miss Misery


En el cuarto de al lado, la televisión me deslumbra con flashasos azules mientras intento conciliar el sueño, un sueño en específico, el sueño de escapar. Pero ya no revoltea en mi mente como aletazos negros, ahora se ha vuelto en un martillo, peor aún, en un taladro. Ese sueño de escapar perfora mi mente con la facilidad con la que taladraría a una pared de falso plafón. Yo, fuera, permanezco inmóvil, en mi cama. Segura. Escondida. Cobarde.

Por fin me he dormido y aparezco en ese lejano lugar, donde soy realmente yo, donde se suponía que debía de haber nacido, donde la música infinita de la banda del pueblo me eriza los pelos, mientras revolotean los niños felices como golondrinas en la primavera, brincando sobre charcos donde se posan mariposas puras como un limón.

Tardo en darme cuenta que dicha pureza es el alba. Me levanto, recorro las cortinas y veo el amanecer. Me imagino una carretera, como en el final de “Good Will Hunting”. Veo ese Valiant desvencijado alejándose cada vez mas sobre el horizonte. Creo escuchar a Elliot Smith al fondo. Yo sigo en mi cuarto, viendo cómo se escapa, otra vez, mi sueño. Cobarde, me repito de nuevo. Cierro las cortinas, me vuelvo a acostar.

1 comentario:

lafiebredelmono dijo...

miss misery.

(?)

ya pasa. ya pasa.