junio 03, 2005

Mi vida en rosa

Hay veces en las que uno se despierta dentro de un flime de Cine Noir, con monotonía de lluvia y con la angustia de que por alguna extraña razón aparezca el Halcón Maltés dentro del clóset. Así me levanté el lunes, con lluvia escurriendo por mi cara, por mi ropa hasta los calcetines; los zapatos hacían agua, estaban incluso, a punto de hundirse. Llovía sobremojado.

Todo culminó el jueves, cuando supe que podría perder a un gran amigo. Le internaron en el hospital a causa de una insuficiencia cardiaca. Al saber el peligro sentí tan embotada la cabeza, que todo lo que escuchaba, lo oía como a lo lejos; veía, pero no más allá de un palmo. Llamaba y llamaba al hospital, angustiada, como quien espera el diluvio universal. Y las enfermeras...nada, no me podían dar información vía telefónica -claro, no fuera a ser yo una terrorista buscando secuestrarlo-. Pasaron las horas y los minutos en cámara lenta, sentía un inexistente mareo, como de quien camina por baldosas movedizas de algodón. Y de pronto, todo se volvió en Tecnicolor... Lo acababan de subir al cuarto, y lo primero que hizo fué llamar a casa para avisar que todo había salido bien. Salió el sol, el aire ahora entraba por mis pulmones con inyección a chorro. Veía perfecto y de todos los colores, incluso de aquellos que no han inventado todavía.

Estoy feliz. Llego a mi casa y lo primero que hago es abrir el clóset... ni rastros del Halcón Maltés, ni rastros de que vaya a llover, y aunque hace un calor insoportable, no me importa. No pasa nada.

1 comentario:

Hernán dijo...
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