mayo 31, 2005

Karma

Llevaba varios días masticando mi enojo con muchas personas del trabajo, ya que no entiendo porqué aveces la gente se dedica a tirarte carrilla aún cuando trabajas bien y sin quejarte. Empecé a guardar mucho rencor, incluso fantaseaba con ser una luchadora de kung-fu y varias veces les rompía la cara. Después, y gracias a una plática con una buena amiga, comprendí, mas bien, recordé que uno cosecha lo que siembra, y vi claro que yo estaba sembrando odio...odio...lo mas feo que puede salir de nuestros corazoncitos. Recordé que si uno llega con buena actitud, a donde sea, sin falta, le va bien. Caminé por la calle y me dediqué a saludar a todos, con una sonrisota, y como respuesta y refuerzo de todos estos buenos pensamientos que revoloteaban en mi cabeza, no hubo ni uno sólo que no me saludara con otra sonrisa. A partir de ahí recobré la paz (aunque suene muy dramático). Y aunque tengo mis reservas sobre el karma, no tengo otra forma para nombrar esto.

En cuanto a lo del trabajo, hoy estaba leyendo Cisnes Salvajes (una excelente biografía de tres generaciones de mujeres chinas), y venía una táctica que utilizó Mao Zedong para recuperar el territorio de Manchuria de manos del Kuomintang con el apoyo del pueblo. Retomó de no-se-qué sabio chino la frase que dice: "Para ganar la batalla, hay que ganarse la cabeza y el corazón del enemigo". Pero, y aquí continúo yo: para ganárse el corazón del enemigo, hay que quererlo primero y para eso, hay que saber perdonar.

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